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Desde que Charles
Fritts fabricara a principios del año 1880 la primera célula solar a
base de selenio recubierto por películas de oro, hasta nuestros días, en
que coexisten en los laboratorios de investigación tres generaciones
diferenciadas de células solares, el camino recorrido por los
investigadores ha sido vertiginoso.
En el año 1954 los Laboratorios Bell descubrieron accidentalmente la
primera célula solar de silicio, la cual revolucionaría el mercado
fotovoltaico mundial.
En la actualidad los científicos están investigando sobre la
optimización de las denominadas células de Grätzel, o celdas
fotosintéticas, las cuales tienen la característica de imitar la
actividad de las clorofilas existentes en las plantas verdes. Podemos
con ello asegurar que el futuro de la energía solar, al igual que de
otras fuentes energéticas, se encuentra en la fotosíntesis.
La experimentación de todos los tipos de células solares y sistemas de
captación de energía fotovoltaica se realiza en los laboratorios con las
cámaras de ensayos de simulación solar capaces de reproducir las
diversas condiciones ambientales existentes en cualquier lugar
geográfico del planeta y en cualquier condición climática estacional.
CCI viene desarrollando desde 1967, bajo la Certificación AENOR,
fotobiorreactores para producción de microalgas por fotosíntesis de
clorofilas y cámaras de simulación solar para ensayos fotovoltaicos,
entre las que se encuentran las cámaras con lámparas de Xenón capaces de
reproducir las insolaciones más intensas que se pueden recibir en la
superficie de la tierra y acelerarlas a requerimiento. A este respecto
es de destacar que CCI ha desarrollado este tipo de cámaras para el
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), institutos y
centros nacionales de energías renovables y compañías relevantes del
sector, entre otras entidades públicas y universidades diversas.
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