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La corrosión en las centrales nucleares

 

 

 

 

 

 

Si la corrosión, de por sí es un fenómeno costoso y peligroso en un gran número de sectores industriales y medios tecnológicos presentes en nuestra vida diaria, cuando hablamos de una posible fuga radiactiva en una central nuclear, como consecuencia de un proceso corrosivo, la alarma social está servida; y no es para menos.


Centrándonos únicamente en España, ya en el año 2005, el CSN (Consejo de Seguridad Nuclear) multó con 1,6 millones de euros a la central de Vandellós (Tarragona) por ocultar la existencia de agrietamientos en el sistema refrigerador. En esta ocasión el CSN lo calificó de nivel 2 según la escala internacional de riesgos nucleares.


A finales del pasado año 2007 el escape radiactivo de Ascó I en Tarragona hizo sospechar la existencia de fugas radiactivas de origen corrosivo, las cuales han podido ser evidenciadas ahora, gracias al análisis químico recientemente realizado a una muestra de las partículas emitidas en su día. En dicho análisis se ha detectado la presencia de plomo, metal involucrado en un tipo de corrosión especialmente virulento.


El plomo es un elemento cuya presencia trata de evitarse a toda costa porque penetra en la estructura metalográfica y en presencia de agentes químicos electrolíticos, provoca el denominado agrietamiento corrosivo por tensión (SCC en sus siglas inglesas). Este tipo singular de corrosión se caracteriza por un agrietamiento en forma de ramificación, el cual puede resquebrajar el metal y producir las temidas fugas radiactivas.


Según se ha podido constatar, este tipo de corrosión es característico de las centrales nucleares fabricadas en los años setenta, como es el caso de Vandellós y Ascó I.


El CSN considera que la presencia de plomo procede del interior de las centrales, cuestión por la cual ha exigido a los responsables de Ascó I la inmediata localización de la fuga y su consecuente reparación.


Si bien no está claro el origen de las partículas de plomo, es necesario recordar que el plomo está asociado a la energía nuclear, al menos en dos aspectos significativos: Por su utilización como aislante radiactivo, y por ser el último subproducto de la cadena de desintegración del Uranio (U235).


Independientemente de ello, el reto actual de los científicos se centra en la investigación de nuevos materiales resistentes a la corrosión. Para ello son necesarias las cámaras de simulación de la corrosión.


Desde el año 1967, CCI desarrolla bajo la certificación AENOR, cámaras de ensayos de corrosión y de simulación climática para investigación y control de calidad de materiales. A este respecto es de destacar que CCI ha fabricado este tipo de cámaras de ensayos para las entidades de la máxima relevancia y los centros de investigación más prestigiosos existentes en la actualidad, tales como el Centro Nacional de Investigaciones metalúrgicas, Empresa Nacional Siderúrgica, etc., además de ser proveedora de las centrales nucleares más significativas de nuestro país.

 

www.cci-calidad.com

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