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La conservación del patrimonio
arqueológico subacuatico de cada país es una labor de gran
responsabilidad, ya que de ella depende la preservación de la historia
misma de las civilizaciones, de los pueblos, las rutas de los navíos que
procedentes del nuevo mundo transportaban tesoros de valor incalculable,
el arte, la cultura, etc., etc.
De nada servirían los enormes esfuerzos desarrollados para rescatar
restos arqueológicos submarinos de barcos hundidos a enormes
profundidades, con enormes costes económicos y riesgos para las vidas
humanas, si una vez rescatados se abandonaran en descontrolados
almacenes a la espera de tiempo o recursos presupuestarios de
restauración, mientras se acelera el proceso de destrucción derivado de
las agresiones atmosféricas producidas por el oxígeno del aire, las
radiaciones lumínicas, la corrosión microbiana y la proliferación
bacteriana de los microorganismos ambientales.
Para poner freno a las acciones destructivas mencionadas y garantizar la
conservación en el tiempo, antes y/o después de la restauración, es
necesario usar las cámaras de atmósferas modificadas biocidas mediante
gases controlados de composición específica para cada caso concreto,
desde el punto de vista de la compatibilidad química con el espécimen y
su procedencia, y bajo climas controlados monitorizados.
CCI viene desarrollando desde 1967, bajo la certificación AENOR, cámaras
de conservación con atmósferas controladas modificadas, entre las que se
encuentran las cámaras biocidas con control ambiental, capaces de
reproducir las condiciones más favorables químicamente. A este respecto
es de destacar que CCI ha desarrollado este tipo de cámaras para el
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Ministerio de
Cultura y museos notables, entre otras entidades relevantes y
universidades diversas.
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