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La razón de ser de las pinturas, al
igual que la de todos los recubrimientos, no es otra que la de servir de
protección frente a la exposición a la intemperie.
De todos los materiales existentes, el que posee una mayor
susceptibilidad a ser protegido es el acero, debido a sus connotaciones
de dificultad de mecanización, peso, volumen, costes iniciales, medios
requeridos para llevar a cabo el ensamblaje de las estructuras, etc.,
etc.
Aún así, dadas sus características de resistencia a la compresión,
dureza, soldabilidad, etc., el acero es imprescindible para la
realización de grandes estructuras que deban soportar elevadas cargas,
aunque estas hayan de ser instaladas en el mar, como es el caso de los
puentes, etc.
Bajo esta premisa, no queda otra alternativa que la aplicación de
recubrimientos eficaces y duraderos, como es el caso de las pinturas
anticorrosivas.
El único procedimiento para formular los productos más adecuados, es la
realización de ensayos de laboratorio con el fin de determinar la
resistencia a la corrosión de los metales recubiertos, mediante cámaras
de corrosión acelerada por niebla salina.
CCI viene desarrollando desde 1967, bajo la Certificación AENOR, cámaras
de simulación climática, entre las que se encuentran las cámaras de
ensayos de corrosión acelerada capaces de reproducir cualquier ambiente
marino que pueda encontrarse en nuestros mares y acelerarlo a
requerimiento. A este respecto es de destacar que CCI ha desarrollado
este tipo de cámaras para el Centro Nacional de Investigaciones
metalúrgicas CENIM, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, y las compañías más relevantes del sector, entre otras
entidades públicas y universidades diversas.
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