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Fotobiorreactores de microalgas. Nuevas aplicaciones para la sostenibilidad

 

 

 

 

Son tantas, y prometedoras, las aplicaciones de las microalgas, que cada vez son más los centros de investigación que experimentan con fotobiorreactores piloto para producir este vegetal acuático de forma rentable y controlada.


Aplicaciones alimentarias para uso humano y producción animal, para reducir la concentración de CO2 y limitar con ello el efecto invernadero, como aditivos industriales, generación de biomasa, acuicultura, producción de biocombustibles, etc., y ahora la obtención de fertilizantes agrícolas.

 

En lo que se refiere a la aplicación agrícola, podemos citar la existencia del programa Life+, auspiciado por la Universidad de Valladolid, encaminado al aprovechamiento de las microalgas para servir de abono una vez descompuesto.

 

“Queremos que los suelos mejorados con microalgas no sólo sean más eficientes, sino que además se mantengan en el tiempo, por ello, no sólo es importante que capturen CO2, sino que, una vez descompuestas las algas, sirvan de abono”, manifestó a los medios el responsable del proyecto y catedrático de Ingeniería Agrícola y Forestal de la UVA, Luis Manuel Navas.

 

Los fotobiorreactores de microalgas ya se están usando en España desde hace casi 20 años, siendo el primero desarrollado por la empresa CCI de Barcelona para la Universidad de Cádiz.

 

Posteriormente se han venido desarrollando muchos más por diversas entidades y organismos, con distintos diseños y diferentes tecnologías.

 

En lo que respecta a la investigación de laboratorio en la Universidad de Cádiz, los fotobiorreactores de investigación no solo permiten estudiar el cultivo de microalgas para propósitos de obtención de biocombustibles sustitutivos del petróleo, sino que también son un instrumento imprescindible para poner freno a la destrucción de la capa de ozono como consecuencia de la liberación a la atmósfera de gases contaminantes, y por ende, para evitar el cambio climático, obtención de recursos alimentarios para consumo humano, producción de piensos, generación de biomasa, fertilizantes agroindustriales, etc., etc.

 

Paralelamente, y como no todas las microalgas son iguales, también los investigadores estudian las capacidades de las diversas especies existentes, así como la viabilidad de utilizar las más adecuadas para retirar CO2 y óxidos de nitrógeno procedentes de emisiones industriales, como es el caso del trabajo que se está realizando en las instalaciones del Centro Andaluz de Ciencia y Tecnología Marinas (CACYTMAR) mediante fotobiorreactores, y que tiene como objetivo evaluar la capacidad potencial de captación que posee cada tipo, así como establecer las condiciones óptimas de la inyección de gases en el cultivo.

 

Y es que hay que tener en cuenta que la reducción de las emisiones a la atmósfera de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, son un compromiso de la sociedad actual y por ello se están promoviendo distintas iniciativas en el ámbito internacional, entre las que se encuentra la utilización de microalgas para paliar los efectos del cambio climático.

 

De hecho, desde el grupo de investigación RNM-144 “Oceanografía y contaminación del litoral” de la Universidad de Cádiz, su portavoz, el profesor Jesús Forja, explica que están trabajando a dos escalas diferentes: “la primera de ellas usa fotobiorreactores de laboratorio y permite realizar un screening (criba) de la capacidad de distintas microalgas para captar CO2”, mientras que la segunda se realiza a un mayor nivel, mediante fotobiorreactores tubulares de elevada capacidad, y tiene por objeto “establecer los balances globales de gases y la producción de biomasa en diferentes condiciones de cultivo (inyección de gases, irradiancia y temperatura fundamentalmente)”, como declaran los investigadores:

 

En los últimos años hemos conseguido, a partir de la investigación en laboratorio, cultivar distintas microalgas a la intemperie en distintos sistemas.

 

Hemos llegado hasta el nivel de planta piloto. De los ensayos que se hagan a escala de una hectárea (en una planta de experimentación) se obtendrán datos de gran alcance con vistas al aprovechamiento industrial. Pero mientras se instalan las plantas, se ponen en funcionamiento, se verifican y se desarrollan los procedimientos para el trabajo a gran escala, no se va a poder decidir sobre bases fiables. Esta experiencia es muy importante incluso si hay que concluir acerca de su falta de viabilidad económica, ya que a priori y sin una investigación con suficiente dotación, no se puede garantizar que un sistema vaya a ser competitivo.

 

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